Una Tradicion de Familia

Nuestra Historia

image119

 DON JUAN 

  • El 28 de junio de 1914, aproximadamente a las 11 de la mañana, Francisco Fernando y su esposa fueron asesinados en Sarajevo, capital de la provincia austro-húngara de Bosnia-Herzegovina. El acontecimiento, conocido como el Atentado de Sarajevo, fue uno de los desencadenantes de la Primera Guerra Mundial que inició justamente un mes después, el 28 de julio de 1914 y finalizó el 11 de noviembre de 1918. España se mantuvo neutral durante todo el conflicto, pero éste tuvo importantes consecuencias económicas, sociales y políticas para el país. ¨La guerra ha trastornado de tal manera la situación económica del país que hoy es imposible la vida. Muchas fábricas han cerrado, otras tienen a sus obreros a medio trabajo, hay fábricas que están haciendo un soberbio agosto y, sin embargo, éstas no han aumentado sus jornales, a pesar de saber sus dueños que todo ha encarecido.¨ Periódico El Liberal de Sevilla. 27 de noviembre de 1916. Un joven español de nombre Lamberto nacido y radicado en la ciudad de Ávila, a la que debe su apellido, ve como sus padres, sus hermanos sufren las consecuencias de la guerra. Han perdido el trabajo, apenas hay víveres para comer, sus pertenencias han ido desapareciendo a cambio de unas monedas para comprar alimento. No hay seguridad, no hay futuro, la guerra ha acabado con toda Europa y España está en crisis. Hay que dirigir la mirada y la vida hacia nuevos horizontes: “América no está guerra!”. Busca la oportunidad, se informa de las embarcaciones que salen hacia el nuevo mundo. Trabaja de ayudante, haciendo recados, de cargador, hasta que consigue un pasaje de España a México. El 13 de enero de 1917, se embarca hacia un destino tan desconocido como prometedor. Lamberto de Ávila desembarca en Veracruz e inicia un rápido recorrido a la capital de país. Haciendo trabajos eventuales va consiguiendo pan y transporte hasta llegar a la Ciudad de México. Una mañana, sentado en una banca de la Avenida Reforma, ve a una chica linda y de clase acercarse a él. Se pone de pie para que ella tome asiento y un momento después Lamberto y Martha charlan como buenos amigos. El le cuenta de la situación en España, de su salida, ella le dice que vive en la ciudad de Toluca en donde podría ayudarle a conseguir trabajo y tal vez un lugar donde dormir. Lamberto no tiene nada, no hay mucho que perder y tal vez una vida por ganar. Juntos regresan a Toluca y Martha lo esconde en el sótano de la casa familiar. Al otro día por la mañana le lleva ropa limpia, agua para que se lave y comida. Así pasan varios días hasta que con ayuda de ella, él logra conseguir un empleo y un lugar para vivir. Para ese entonces eran ya grandes amigos y el amor había sembrado su semilla en el corazón de ambos. Lamberto mantenía comunicación con su familia en España y en sus cartas hacía promesas de ayuda, les hablaba de las bellezas de México y su calidez y prometía traerlos un día a vivir a este bello país. Pasó el tiempo, el amor floreció y contrajeron matrimonio. Poco después tenían buenas noticias: serían padres. 
  • El 24 de junio de 1918, en la ciudad de Toluca nació un niño a quien bautizaron con el nombre de Juan Lamberto Ávila Rodríguez. Martha y Lamberto estaban felices! Pero el destino era cruel. EL 11 de noviembre de 1918 se declaró el fin de la Primera Guerra Mundial. Lamberto loco de alegría pidió noticias a su familia. A principios de 1919, Lamberto recibió una carta en la que le urgían: “Tienes que volver, España ha vuelto a ser poderosa. A pesar de la crisis de 1917 y la pandemia de la gripe española de 1918 el país ha mejorado. Hay trabajo, hay dinero, la guerra nos ha hecho un bien al mantenernos neutrales. ¡Regresa a casa!”. Lamberto le comunicó las nuevas a su esposa, Martha no compartió su felicidad, sabía que perdería a su esposo. Con miles de promesas y juramentos de volver por ella y por su hijo de casi un año, Lamberto partió hacia España el 2 de junio de 1919. Nunca volverían a encontrarse. Así quedó en México, un niño con espíritu aventurero como su padre, con amor por los viajes, pasión por las tierras nuevas. Los caminos le fascinaban, ir de un lugar a otro era su mayor alegría. El horizonte ejercía en él una atracción incontrolable, era querer llegar, subir montañas, bajar a los valles, correr libre y descubrir de qué estaba hecha la tierra. Juan Avila, se hizo hombre. Dejó el hogar materno cuando contaba con 14 años para buscar algo más allá de las montañas. Recorrió todos los caminos de México, conoció todas sus cordilleras, habló con todas sus gentesy descubrió que había heredado también una gran debilidad por las mujeres bellas. Conoció a muchas, conoció a todas y encontró a la mejor: María, su compañera de aventuras. María había sido educada por las monjas de San Jerónimo, con quienes estuvo interna desde los ocho años hasta los dieciocho, haciendo de ella además de una mujer de amplia cultura y gran conocimiento de las artes, una excelente cocinera. Con María, Juan recorrió nuevamente toda la República Mexicana, él caminaba las montañas, ella aprendía la cocina del lugar. Llegaron y juntos se enamoraron de La Baja California, de su sierra, de su desierto, sus mares, su gente y su comida. De norte a sur fueron y vinieron, la subieron, la bajaron y se quedaron. Hicieron nido, anidaron y hubo siete hijos, cinco varones y dos mujeres, todos sanos, todos fuertes. Juan y María festejaron la vida siempre al calor del fogón, en torno a la estufa o rodeando una mesa bien servida. La cocina fue siempre el centro de reunión de propios e invitados, porque a la sazón de María nadie pudo resistirse nunca. Pero la historia de Don Juan tenía más páginas tristes. Su gran amor, la mitad de su vida, se fue el 9 de junio de 1972 dejándole un racimo de frutos de su amor. Don Juan lloró su partida desde el primer día de su muerte, hasta el último día de la existencia propia, dieciocho años después: el 18 de junio de 1990. Don Juan se cansó de caminar la tierra y se fue a volar por las estrellas, pero aquí quedó su casa, “La Casa de Don Juan” en donde día a día es recordado por cada ramita del árbol que plantó en La Baja California, desde el norte hasta el sur, con un “Don Juan” o con un “Doña María”. El mes de junio, marcó la existencia de Don Juan.